Podríamos enumerar muchas cosas a tener en cuenta para decidir si entrar o no en un bar pero nos ceñiremos a la más importantes.
Desconfía de un camarero que no está gordo. Sobra decir porqué. Cómo pretenden que pidamos una ración de oreja (o sucedáneo hipercalórico) Un plato que contiene en su mayoría grasas regadas de una salsa que nadie sabe a que sabe, ante un tío con un cuerpo esbelto. Esto es lo mismo que si vas a un Natur House a que te pongan a dieta y te atiende una tía con obesidad mórbida. Ahora lo ven más claro ¿verdad?
Huye de los posavasos. Si cuando pides una caña te ponen un posavasos, ese artículo que llama la atención del más friki de tus amigos (“luego me lo llevo, es que los colecciono") es que no es un bar auténtico. Es en mi casa donde no quiero que se estropee la madera, una vez fuera, si no destruyo no tengo la sensación de disfrute que busco. Si eres de los que después de beber tu refresco o cerveza vuelves a depositar el vidrio sobre el posavasos es que eres mala persona. Un español auténtico coge el posavasos, mira al camarero, se lo guarda en el abrigo y en ese mismo momento decide empezar su colección. A la mañana siguiente lo tira.
¿Hola buenos días? La hostelería es uno de los pilares de este país y como tal debe ser regentada por funcionarios (o similar). Si tu llegas a una bar y lo primero que recibes es una buena cara estás entrando en la boca del lobo. Lo siguiente será preguntarte de qué sabor quieres la mermelada del croissant a la plancha o si prefieres aceitunas (encharcadas) o patatas fritas (grasosas) con la caña (por cierto, nunca aceitunas que dan ardor) Todo esto será una excusa para clavarte 20 céntimos de euro más que en cualquier otro bar donde el trato es pésimo. El buen Español prefiere tener suelto en el bolsillo que una buena sonrisa a primera hora. ¡¡En qué cabeza cabe!
¿Pagar es sinónimo de cortesía? Toda la vida nos han dicho que “el que paga manda” o “el cliente siempre tiene la razón” Pues eso será en Europa, porque lo que es en España… Ustedes se imaginan a un camarero en plan vendedor del Menaje del hogar: “disculpe, puedo ayudarle… ¿Le echo una mano?” Si quieres pagar tienes que realizar varios pasos: seguir al camarero con la mirada al menos un minuto, hacer dos amagos de levantar la mano en los que el hombre de camisa es capaz pasar a tu lado o mirarte a los ojos y con un estilo único pasar de ti. (en el segundo amago alguien te ve y esboza una sonrisa de las que joden) En un buen bar tienes que levantarte a pagar (caso de mesa) y cuando consigues dar con el camarero y le enseñas 20 euros te dice “Ahora voy, ahora voy yo a cobrar hombre” Una mala persona se queja, un buen español piensa “Este hombre lleva 8 horas de pie atendiendo a borrachos” Bajas la cabeza y cuando llegas a la mesa haces el ridículo cuando respondes NO a la pregunta ¿Has pagado ya que tenemos prisa?
El euro está obsoleto. En el colegio me dijeron que entrar en la Comunidad Económica Europea era bueno para España. A día de hoy tengo mis dudas tras comprobar que la caña ha pasado de 100 pesetas a 1,10 euros. Es decir, un aumento del 80 % (no hablemos de sueldos) Llegado este punto de equiparación de precios prefiero tener llevar el pasaporte cuando vaya a Amsterdan (próximamente cómo ser un español guay) ¿Adónde quiero llegar? Que modernuras las justas: Para empezar, un buen bar debe estar sucio. Si miras a la campana debes alegrarte al ver que estás más amarilla que la de tu cocina. Nada de MTV en la pantalla de plasma, un partido del depor o Sábado Dolce vita en televisor First Line de 21” (en un buen bar no conocen ni la tdt). Prensa si pero no sale de Marca, As, Mundo Deportivo, Sport, El Pais, El Mundo… Si ves el Cosmopolitan, la Ragazza o el Mens Health has entrado en territorio contradictorio. A ser posible la carta de bebidas debe ceñirse a: vino, coca cola, fanta, cerveza, licores y agua. Nunca me fiaría de un bar que se jacta de tener Neastea, tónica nordic o mojitos. Piénsenlo: ustedes se imaginan a un padre de familia llegando a su casa ebrio como una cuba, y a su mujer esperándole de brazos cruzados y que él conteste: “Discúlpame cariño pero he ido con los compañeros del curro a tomar unas caipirinhas y nos hemos liado” Eso no es un buen padre ni un buen español ni nada.
Estas son solo algunas de los premisas a tener en cuenta a la hora de elegir un bar. Decidirte entre el CAFÉ BAHIA o el BAR MANU es fácil si sabes cómo. Si tras esto sigues teniendo dudas espera a que actualicemos este informe.
SUNDAY MORNING FEVER.
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1 comentario:
Es curioso comoo nos hemos modernizado los españoles pero lo sólo en la superficie. Valoro mucho tu crítica escondida en estas coñas, sólo que yo soy de los que cogen posavasos.
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