lunes, 26 de noviembre de 2007

ESOS CARAMELOS LLEVAN DROGA

Nada mejor que la fiebre resacosa del Domingo por la mañana para escribir sobre traumas, sueños y paranoias dignas de un buen amigo de Sunday Morning Fever. A continuación el primer artículo de nuestro colaborador Paco Ponce de Leon.

Grandes mitos de patio de colegio

Si hay una característica que nos une a los españoles, esa es sin duda nuestra afición a mentir, exagerar o deformar los hechos. Da igual que uno sea vasco, catalán o andaluz, la mitomanía corre por nuestras venas mezclada con el carajillo del desayuno y el chato de vino de la comida.

A través de nuestra historia, esos mitos siempre h

an estado ahí, emponzoñando las mentes de nuestros ancestros, y animándoles a su vez a fabular aún más. Hoy en día, uno no tiene más que ver el telediario de Gabilondo o Alto y Claro (Curri Valenzuela for president) para comprobar que la tergiversación de la verdad no sólo sigue vigente, sino que está subvencionada.

Pero si hay un lugar donde estas leyendas y mitos cobran vida de manera esplendorosa, ese es sin duda el patio del colegio.

La mente de un niño, poderosa y cruel, es capaz de inventar las estupideces más asombrosas con tal de ganar 5 minutos de fama, o chulearse un rato engañando a los amiguetes. Y es en ese momento donde nacen los mitos de patio de colegio, unas mentiras inocentes con un poder de expansión que ríete tú del Pocero.

A continuación, pasaré a rememorar algunas de las más clásicas, que en su día me tragué con anzuelo, hilo y caña.

El recreo era ese momento en que las clases sociales se batían en duelo en forma de merienda preparada por mamá. Una competición de ver quién tenía las mejores chuches, que años más tarde pasaría a convertirse en ver quién la tiene más larga (en sentido freudiano-envidia-del-pene, yo al menos nunca llegué a comparármela). De manera que todos estos alimentos eran blanco fácil para la mitología urbana.

Como por ejemplo aquella historia de que si te echabas peta-zetas en la boca, y dabas un trago de coca cola, provocarías una reacción química de consecuencias similares a no apretar el botón de la estación cisne. Este bulo se convertiría años más tarde, una vez cambiadas las chuches por el botellón, en ese de que si bebes Bailey’s y coca cola, se te cristaliza la mezcla en el estómago y te mueres. Creo que de eso debió morir Carmina Ordoñez.

Las drogas fueron siempre un elemento de fascinación infantil. Nuestros padres y los anuncios aquellos del gusano nos habían llenado la cabeza de ideas vagas sobre unas sustancias letales cuyos verdaderos efectos desconocíamos, pero que como todo lo que te prohiben, nos atraía a la par que nos asustaba. Es por esto que algún Pedrito de turno llegó a la conclusión de que los cromos de La Pandilla Basura estaban untados de cocaína, para hacernos adictos desde pequeños. Algo en mi interior me dice que esta leyenda pudo partir de alguna madre puritana que descubrió horrorizada lo escatológico de los cromos, y se propuso hacer que su hijo renegara de ellos. Ilusa. Meditando hoy sobre esto de la coca en los cromos, me pregunto: ¿cómo cojones llegaba la coca a tu organismo? Quizá era como el veneno ese que sale en Chacal (la de Bruce Willis, no la buena) que sólo con tocarlo te mata. Pues esto igual. Los malvados cárteles de la droga colombianos, en su afán por conquistar el mundo y robar la navidad, inventaron la droga definitiva, coca por vía cutánea.

Claro que no sólo los citados cromos llevaban su dosis de droga. Multitud de caramelos diversos pasaban de la noche a la mañana a ser chutes camuflados, para disfrute de los más malotes del cole, que entonces comían el doble de estos.

Otro de los grandes campos de la mentira pre-puber eran los juguetes. De esta manera, todo juguete de moda conllevaba su correspondiente mito. Durante el breve pero intenso revival de las peonzas, empezó a circular una historia aterradora sobre las peonzas de punta de águila. Una punta tan afilada y letal, que el gobierno había decidio prohibirlas, convirtiéndolas así en objeto de deseo y carne de chanchullos y estraperlo. De esta forma, la única manera de conseguirlas era en el pueblo del primo del que se sentaba detrás de ti en Lengua, que por supuesto tenía una pero no la llevaba al cole para que no se la confiscaran.


Otra mode efímera y estridentemente noventera fueron unas pulseras super horteras, que consistían en una placa de metal cubierta de hilos de colores. Esta placa estaba inicialmente estirada, y la gracía estaba en que al golpearla contra la muñeca, se combaba y adoptaba la pose de pulsera, no a confundir con la pose de la grulla que hacía Daniel San. Pues bien, resulta que un niño de un colegio cercano, pero lo suficientemente lejos para hacer la historia inverificable, al ponerse una de estas pulseras vio con horror como el metal hacía de cuchilla, cortándole la muñeca y propiciando su muerte, o al menos una gangrena o algo chungo.

Me da en la nariz que alguna madre opusina debió encontrarse a su hija en la bañera con las muñecas cortadas, y no queriendo aceptar que su represión moral y las imágenes de Escrivá de Balaguer que adornaban el cuarto de su hijita la habían empujado al suicidio, decidió culpar a las pulseras, que así además les cubría el seguro.

Y podríamos pasar horas hablando de los mitos que rodeaban a los videojueos. Como eso de que las sombras del Street Fighter eran más rapidas, o que si te acababas el Tomb Raider sin morir ni una vez, salía Lara en pelotas. Las máquinas recreativas tenían también lo suyo, y así llegaba un día Pedrito jurando y perjurando que en el pueblo de su abuelo había una máquina del Street Fighter 3, donde Ken tiraba 4 hadukens a la vez.


Así es amigos, la mentira está en la calle. Todo vale con tal de llamar la atención, o parecer más interesante que los demás. Mi consejo: desconfíen. Cuando les venga Pedro a contarles que un primo suyo ha estado en EEUU y ha visto un capítulo de los Simpson donde el plutonio que coge Bart en la cabecera la de poderes y le convierte en super-héroe, no le crea. Si yo fuera ustedes, contraatacaría diciendo que el líder de los skin-heads es un negro que lleva una camiseta donde pone “Perdón por ser negro”, o que su tío que trabaja en Burger King le ha contado que la carne es de rata y palomas.

Ojo por ojo, bulo por bulo.

Paco Ponce de León

domingo, 18 de noviembre de 2007

FELICIDAD INSTANTÁNEA

Llevo tiempo dándole vueltas a un tema que salió hará unos meses en una conversación a las tantas. Voy a reproducir la frase textual de un colega que define muy bien el tema de la conversación “Cámaras digitales sí, pero con test psicotécnico” Profundizo para evitar malentendidos, aunque posiblemente lo que consiga sea enemigos.

Cumpleaños, bodas, graduaciones, estrenos o una simple noche de copas, da igual, la excusa es lo de menos para esas personas que salen siempre de casa con su CÁMARA DE FOTOS DIGITAL. Leí una vez en pudeseralguien.com, un blog que os recomiendo, un certero y dañino comentario de Paco sobre aquellas personas que se compran un i-book por el mero hecho de presumir de un portátil blanco de diseño para utilizar el Word pirata y el messenger. Podríamos decir que esto es la digi-evolucion ostentosa del caso de las cámaras digitales pero volvamos al germen de este artículo:


Son las 11:00 de la noche, te encuentras en un Bar estándar (lea “cómo reconocer un bar auténtico”) tú estás charlando sobre cosas más o menos triviales (las que comentas con pasión) cuando de repente alguien dice la famosa frase -¡foto!- Tú giras 115º, alguien con quien no has cruzado palabra pasa su brazo sobre tu hombro, pones careto, te quedas ciego y vuelves a la conversación. Pasado el tiempo vuelves a escuchar la frase, misma operación. Tú no entiendes porqué vuelven a hacer una foto calcada a la anterior pero no le das importancia. Cambias de bar y vuelves a escuchar – ¡foto!- con la excusa de –¡en este pub quedan mucho mejor!- A la tercera copa y décima foto decides que cuando se hable de instantánea eres tú el que la va a pulsar el botón con tal de evitar el flashazo. Pero cometes un error, has olvidado que es una cámara de fotos digital, un instrumento de felicidad instantánea y lo que es peor, gratis. En el mismo tiempo que te pitan cuando un semáforo se pone en verde en la Castellana, 2 o 3 personas capitaneadas por el dueño corren hacia ti en cuanto haces la foto para ver el resultado. Si el resultado es malo tendrás que repetirla a modo de “tienes otra oportunidad campeón” bajo la supervisión del dueño, al que a partir de ahora denominaremos Brasas. Pero realmente como estás perdido es si has hecho una foto decente porque el Brasas te dirá entusiasmado –échame, échame una foto con el Lucas- FOTO –échame una foto con Marisa- FOTO. Así hasta que encuentres una excusa para escapar, cosa difícil.

Tercer garito de la noche, se repite la operación de la foto conjunta, fotos de Brasas con diferentes grupos (las chicas, los altos, los desconocidos…) Tú has aprendido la lección y te has limitado a poner caretos y a evitar tocar la máquina. Pero llega un momento crítico en la noche y es cuando visto que casi todo el mundo (salvo los proyecto de Brasas) evitan a Brasas, éste decide coger la cámara y retratarse a si mismo con otro sujeto al que agarra en un movimiento rápido sin escapatoria. Ocurren dos casos, ambos de extrema gravedad.

1. Brasas no sólo es pesado, además es nulo encuadrando y necesita 3 o 4 intentos (pese a que va sobrio porque estas personas suelen ser ratas y sólo se cuecen en botellones.) y al quinto disparo tiene su tesoro e increpa a otra víctima.

2. Brasas no sólo es un “genio” de la persuasión fotográfica nocturna, además lo es del flash a 30 cm de tu pupila y es capaz de encuadrar a la perfección (y cuando digo a la perfección es a la perfección) su careto con alguien al lado. Pensareis que esto es mejor, para nada. Visto su éxito se jacta repitiendo el encuadre con la misma persona cambiando su expresión facial (haz lo mismo que él o te taladrará hasta la extenuación) Cabe la posibilidad que haga el movimiento pero añadiendo un tercero pero esto es sólo para MAESTROS BRASAS. (próximamente)

Una vez que ya hay 9-10 fotos tuyas dónde sales con un ojo cerrado, ebrio o claramente hasta la polla (has visto las fotos porque Brasas lleva una super bateria y una tarjeta de 2 Gb y las enseña a todo el mundo una y otra vez) decides evitarle junto con algunos aliados. Brasas es pesado pero no tonto y se arropa de sus, cada vez más poderosos, secuaces (insisto, futuros brasas) y es cuando este séquito de 2-3 personas se convierten en sicarios Albano-Kosobares y la Werlisa Slim 50 pro en una ametralladora automática. Estos mercenarios de la noche dominan el argot de los paparazzi y lo que antes eran POSADOS ahora son ROBADOS. No estás a salvo hagas lo que hagas porque te dispararán cuando menos te lo esperes, donde menos te lo esperes y lo que es peor, con quien menos te lo esperes. Por si esto fuera poco nunca sabrás quien lleva el arma porque rulará de mano en mano cual monedero robado en la linea 5 de metro. Llegará un momento en que confundas las luces del antro con el flash de la Werlisa slim 50 pro y aunque es duro reconocerlo todos sabemos que Brasas puede ser tu mejor amigo, tu novia o tu hermano y no estás a salvo.

Resultado comparativo de la noche:
1. Te has gastado más de 60 e en copas sólo para escapar a la barra, Brasas sólo 12 euros (recordemos que Brasas no fuma, le dura su bebida una hora aproximadamente y venía cenado de casa)


2. Te han jodido a base de interrupciones fotográficas tus pocos ataques al otro sexo. Brasas ha encontrado a su media naranja en uno de sus secuaces al que ha convertido en Brasas oficial diciéndole la tienda de Menaje del Hogar dónde ha comprado la cámara (mejor relación batería-tarjeta-precio) en un acto digno de los Jedis.


3. Y lo que es peor, jamás verás esas fotos a no ser que te metas en MySpace.Brasas.com dónde las ha colgado en una selección de los mejores momentos de la última noche (los mejores momentos son todas las fotos con un breve comentario al estilo “El borracho del Lucas y yo”). Observas que tiene 1435 amigos que ya han visto tus fotos y han colgado comentarios como “joder Brasas, vaya fiestas que te pegas”. Tú en cambio, el Domingo por la mañana, te sientas medio febril frente a la pantalla de tu i-book de segunda mano para plasmar tu teoría de que cada noche que el Brasas actúa este instruye a otro cual mitosis celular, que tu concepto de fiesta esta obsoleto y que Brasas tiene 1435 amigos mientras que tú sólo tienes a desconocidos que lean tus paridas por Internet.

Cámaras digitales sí, pero con test psicotécnico por favor.

viernes, 16 de noviembre de 2007

CÓMO RECONOCER UN BAR AUTÉNTICO

Podríamos enumerar muchas cosas a tener en cuenta para decidir si entrar o no en un bar pero nos ceñiremos a la más importantes.

Desconfía de un camarero que no está gordo. Sobra decir porqué. Cómo pretenden que pidamos una ración de oreja (o sucedáneo hipercalórico) Un plato que contiene en su mayoría grasas regadas de una salsa que nadie sabe a que sabe, ante un tío con un cuerpo esbelto. Esto es lo mismo que si vas a un Natur House a que te pongan a dieta y te atiende una tía con obesidad mórbida. Ahora lo ven más claro ¿verdad?

Huye de los posavasos. Si cuando pides una caña te ponen un posavasos, ese artículo que llama la atención del más friki de tus amigos (“luego me lo llevo, es que los colecciono") es que no es un bar auténtico. Es en mi casa donde no quiero que se estropee la madera, una vez fuera, si no destruyo no tengo la sensación de disfrute que busco. Si eres de los que después de beber tu refresco o cerveza vuelves a depositar el vidrio sobre el posavasos es que eres mala persona. Un español auténtico coge el posavasos, mira al camarero, se lo guarda en el abrigo y en ese mismo momento decide empezar su colección. A la mañana siguiente lo tira.

¿Hola buenos días? La hostelería es uno de los pilares de este país y como tal debe ser regentada por funcionarios (o similar). Si tu llegas a una bar y lo primero que recibes es una buena cara estás entrando en la boca del lobo. Lo siguiente será preguntarte de qué sabor quieres la mermelada del croissant a la plancha o si prefieres aceitunas (encharcadas) o patatas fritas (grasosas) con la caña (por cierto, nunca aceitunas que dan ardor) Todo esto será una excusa para clavarte 20 céntimos de euro más que en cualquier otro bar donde el trato es pésimo. El buen Español prefiere tener suelto en el bolsillo que una buena sonrisa a primera hora. ¡¡En qué cabeza cabe!

¿Pagar es sinónimo de cortesía? Toda la vida nos han dicho que “el que paga manda” o “el cliente siempre tiene la razón” Pues eso será en Europa, porque lo que es en España… Ustedes se imaginan a un camarero en plan vendedor del Menaje del hogar: “disculpe, puedo ayudarle… ¿Le echo una mano?” Si quieres pagar tienes que realizar varios pasos: seguir al camarero con la mirada al menos un minuto, hacer dos amagos de levantar la mano en los que el hombre de camisa es capaz pasar a tu lado o mirarte a los ojos y con un estilo único pasar de ti. (en el segundo amago alguien te ve y esboza una sonrisa de las que joden) En un buen bar tienes que levantarte a pagar (caso de mesa) y cuando consigues dar con el camarero y le enseñas 20 euros te dice “Ahora voy, ahora voy yo a cobrar hombre” Una mala persona se queja, un buen español piensa “Este hombre lleva 8 horas de pie atendiendo a borrachos” Bajas la cabeza y cuando llegas a la mesa haces el ridículo cuando respondes NO a la pregunta ¿Has pagado ya que tenemos prisa?

El euro está obsoleto. En el colegio me dijeron que entrar en la Comunidad Económica Europea era bueno para España. A día de hoy tengo mis dudas tras comprobar que la caña ha pasado de 100 pesetas a 1,10 euros. Es decir, un aumento del 80 % (no hablemos de sueldos) Llegado este punto de equiparación de precios prefiero tener llevar el pasaporte cuando vaya a Amsterdan (próximamente cómo ser un español guay) ¿Adónde quiero llegar? Que modernuras las justas: Para empezar, un buen bar debe estar sucio. Si miras a la campana debes alegrarte al ver que estás más amarilla que la de tu cocina. Nada de MTV en la pantalla de plasma, un partido del depor o Sábado Dolce vita en televisor First Line de 21” (en un buen bar no conocen ni la tdt). Prensa si pero no sale de Marca, As, Mundo Deportivo, Sport, El Pais, El Mundo… Si ves el Cosmopolitan, la Ragazza o el Mens Health has entrado en territorio contradictorio. A ser posible la carta de bebidas debe ceñirse a: vino, coca cola, fanta, cerveza, licores y agua. Nunca me fiaría de un bar que se jacta de tener Neastea, tónica nordic o mojitos. Piénsenlo: ustedes se imaginan a un padre de familia llegando a su casa ebrio como una cuba, y a su mujer esperándole de brazos cruzados y que él conteste: “Discúlpame cariño pero he ido con los compañeros del curro a tomar unas caipirinhas y nos hemos liado” Eso no es un buen padre ni un buen español ni nada.

Estas son solo algunas de los premisas a tener en cuenta a la hora de elegir un bar. Decidirte entre el CAFÉ BAHIA o el BAR MANU es fácil si sabes cómo. Si tras esto sigues teniendo dudas espera a que actualicemos este informe.
SUNDAY MORNING FEVER.

_MONO_

Proyecto de encargo para JustDream, una nueva productora audiovisual especializada en publicidad, videoclips, video industrial y organización de eventos. Video promocional para la web. (escrito y dirigido)